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 En busca del Guardián Oscuro.

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Nana Tenebra Morte

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MensajeTema: En busca del Guardián Oscuro.    Miér Jun 23, 2010 11:51 am

En Busca del Guardián Oscuro





¿ Qué hacer cuando quien amas está en el peor de los infiernos? ¿ Qué hacer cuando sabes que una oscuridad abismal se a apoderado de él, cuando es incapaz de abrir las alas y volar?
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Nana Tenebra Morte

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MensajeTema: Prólogo   Miér Jun 23, 2010 11:55 am

Una lagrima bajó por mi mejilla lentamente, mientras él me miraba con dolor a través de sus ojos azules, esos ojos de mirada profunda que temía no ver más, me abrumaba que ese instante fuera el último junto a él. Daniel me abrazó fuertemente, como si no quisiera separarse jamás de mí y yo me aferré a él con todas mis fuerzas. Ambos nos miramos otra vez y nos besamos. Bebí de aquel beso, lo sentí, lo clavé en mis labios para no olvidar el sabor de esos labios que tanto necesitaba. Ambos separamos nuestros labios, a pesar de que no queríamos. Daniel me miró y acaricié su sedoso y liso pelo rubio, el cuál deseaba volver a acariciar.

- ¿Por qué,Daniel?- le pregunté con los ojos anegados en lagrimas.

- Ya sabes que tengo que ir Lux- me contestó él- ¿ Qué haríamos si Aktugiel se apoderara del reino, dime qué?- me preguntó con una mirada cargada de tristeza y responsabilidad.

- ¡Me da igual!- respondí sintiendo la desesperación apoderándose tanto de mi mente como de mi corazón- ¡ Eso no nos incumbe, que seas un Guardián no significa que tengas que hacerlo!

- Claro que me incumbe- dijo él con voz serena- soy un Guardián ¿ Recuerdas?- dijo irguiendo sus alas de plumas blancas con cierto brillo plateado. - Tengo alas, no me va a pasar nada.-me prometió sonriendo.

Rompí en sollozos. Sí, tenía alas, pero Aktugiel era el mayor nigromante de la Historia de los Doce Reinos, y no solo eso, algunos Guardianes también se le habían unido, y todos los Guardianes de los Doce Reinos poseían alas, y no tan solo Guardianes, también tenía de su bando al Onceavo Reino, el Reino de las Tinieblas, el más oscuro y peligroso de todos, donde habitaban las más oscuras y letales criaturas que uno pueda tan siquiera imaginar. Miré a Daniel otra vez, y no pude contener un grito ahogado. Yo solo era una maga, solo eso, tan solo una maga cuyo deber era proteger el reino del nigromante, no luchar contra él, como Daniel.

- Además, recuerda que tu también vas a participar en la guerra- murmuró él.

- ¿Cómo, reforzando una capa de protección?- me mofé sintiéndome inútil

Él desvió la mirada y empezó a batir sus enormes y elegantes alas.

- ¡Espera!- le dije agarrándole de su pálida mano.

Daniel me miró y me sonrió dulcemente.

- Te quiero- le murmuré.

- No puedes ni imaginar cuán importante eres para mí Lux, y cuanto voy a echarte de menos.

Sentí como mi corazón se encogía de dolor, sobre todo al verlo volar por el cielo malva del Décimo Reino.

*********************************************************************************************************

Abrí los ojos levemente, un nuevo amanecer, un amanecer sin Daniel. Esa noche empezaría la Gran Batalla, o como la llamaba yo, la Gran Carnicería. Ya se oían los rugidos de los Draconies, que eran como Dragones, pero más grandes y más agresivos, los cuáles montaban los Magos Reales, es decir aquellos magos que trabajan para la reina Ashía, la más benévola, pero también la más poderosa y astuta monarca de los Doce Reinos. Yo no pertenecía a los Magos Reales, tan solo hacía unos años que ya era maga del todo, y quería llegar a obtener el título de hechicera, y ya iba por el buen camino, pues tenía conocimiento de todas las artes mágicas, podía manejar a mi antojo el espacio/tiempo y los elementos apenas tenían secretos para mí, pero todavía faltaba demostrar mi destreza y la fuerza de mis poderes, y a pesar de todo, la Gran Batalla era la única ocasión que tenía para demostrar mi valía.

-¡ SE ACERCAN, MAGOS A VUESTROS PUESTOS!- gritaron los katmets, es decir, los pregoneros y también jinetes de los kas( de ahí su nombre), una especie de dragón enano.

Me cubrí el rostro con la capucha, ocultando así mis húmedas mejillas y mis ojos acuosos y salí a la caótica calle.

- ¡ TÚ, MAGA, VETE AL ALA OESTE Y PROTEGE A LOS REFUGIADOS!- me gritó un katmet.

Asentí ligeramente con la cabeza y junté las palmas de mis manos, murmurando el conjuro de teletransporte. Todo empezó a dar vueltas, y dejé de oír los furiosos rugidos de los Draconies durante un breve instante. Abrí los ojos y mis pupilas doradas contemplaron el Refugio donde se hallaban refugiados un buen número de humanos y gratzhs, que eran los que se comunicaban con Ruhnahaiel, nuestro dios, el dios del equilibrio, la paz, la luz, la justicia, enemigo de Tukhaniel, el dios del Onceavo Reino, dios de la oscuridad, de la maldad en estado puro, pero nuestros dos dioses, a pesar de odiarse, se complementaban, hasta ahora, pues según los gratzhs, Aktugiel era la reencarnación de Tukhaniel, es decir, el mal en toda su esencia.

Junté las yemas de mis dedos finos y pálidos y de ellos empezaron a salir pequeñas chispas que se convirtieron en un una especie de escudo incorpóreo que nos protegerían de cualquier ataque "normal", es decir, ataques sin nigromancia o de sus horribles criaturas, las cuáles algunas poseían poderes oscuros y peligrosos.

*************************************************************************************************************

- La Gran Batalla acaba de empezar- dijo a media voz un gratzh, y no pude contener varias lagrimas al pensar en Daniel.- no te preocupes por él, gran maga- me intentó tranquilizar otro gratzh- el amor puede con todo, con cualquier batalla, y mientras te recuerde, estará a salvo y nosotros también lo estaremos mientras lo recuerdes.

Sonreí levemente y no pude evitar recordar a Daniel: su pelo, su sonrisa, su mirada profunda, su torso desnudo, sus majestuosas alas que ambos tanto apreciábamos, su voz dulce, sus rasgos angelicales y armoniosos. Varios rugidos horribles y la debilitación de mi embrujo me hicieron salir de mi ensimismamiento, mas aún tenía a Daniel grabado tanto en mi mente como en mi corazón. Grité al ver las criaturas más horribles que jamás hubiera imaginado, todas eran deformes, feas, escalofriantes y todas ellas poseían magia negra, lo presentía, se notaba en sus esencias, mas no sabía si esas criaturas percibían que yo manejaba la magia negra. Varias de ellas se lanzaron hacia el Refugio, pero yo les ataqué lanzándoles varios Maleficios de Grado Superior, es decir, maleficios de muerte y lesiones graves.

- ¡ Zak nut takmeet!- gritó una de las criuaturas en el idioma maldito, el idioma de Tukhnaiel, pero a pesar de que no comprendí al principio lo que había querido decir, lo acabé entendiendo cuando una docena de criaturas, algunas con jinetes encapuchados se lanzaron hacia nosotros.

- ¡Magnus letales fulgores!- grité haciendo un movimiento con ambos brazos y seguidamente, cubriendo mi rostro con las palmas de mis manos, y de éstas, salieron pequeños brillos que se fueron juntando rápidamente, formando una especie de bola luminosa gigantesca que les estalló en las narices, provocando una especie de explosión de luz tan intensa que tuve que cubrirme los ojos. Oí gritos desgarradores, aullidos de dolor, mas no sentí pena, sino una extraña euforia, que aumentaba al pensar en Daniel. Pude percibir algunos cánticos a Ruhnahaiel de los gratzhs y varias oraciones y súplicas que los mortales oraban al dios.

*************************************************************************************************************

Estaba exhausta, apenas me quedaban energías. Ya habían pasado dos Lunas, y la comida escaseaba. Habían muerto varios mortales a causa del hambre, pues de los ataques ya me ocupaba yo con toda mi alma, concentrándome al máximo, pero mis energías empezaban a fallarme. De súbito, se oyeron gritos de euforia, pero me estremecieron, pues eran voces de ultratumba.

- ¡ Han matado a todos Los Magos Reales!- gritó una voz no menos tétrica.

Mis ojos se abrieron como platos y mi piel se erizó. Había que evitar a toda costa que mataran a la reina.

- ¡ Vamos a ganar, Tukhanielee norem!- suspiré y parpadeé, sintiendo que los párpados me pesaban- ¡ los Guardianes han caído!- agregaron entre risas mirando hacia el Refugio.

- Daniel...-murmuré abriendo mis ojos como platos y apretando mis puños con rabia.

Me dejé caer en el suelo pesadamente, como si fuera una muñeca rota, sin poder contener varios sollozos y algunas lagrimas, pues eso quería decir que Daniel había muerto...¡HABÍA MUERTO!

- Honorable maga- me dijo un gratzh- no os rindáis, tenéis que iros y evitar que ese nigromante mate a la reina Ashía.

- Pero Daniel...-sollocé sintiendo como las lagrimas humedecían mis mejillas- Ya no me importa nada...

- Que hayan caído no significa que hayan muerto- me dijo un gratzh, el cual no se había descubierto el rostro en las dos lunas, y tampoco había abierto la boca, solo para orar, así que supuse que sería el Gratzh Supremo- luchad, demostrad vuestra valía, luchad por él, en su nombre.- hizo una pausa- porque puede estar vivo, y cuanto más tiempo transcurra, mayores son las posibilidades de que esté muriendo.

El Grathz Supremo se levantó y tocó mi frente con sus manos violáceas, apartando varios de mechones de mi cabello azabache y alborotado. Sus manos malvas se volvieron de color púrpura y empezaron a emitir un brillo blanquecino, y ese brillo, de alguna manera, se fue introduciendo en mí, haciendo que mis energías y rendimiento aumentaran al máximo, me estaba pasando parte de su esencia y energía. El traspaso de energía cesó, sintiéndome mejor me levanté con elegancia y miré al Grathz Supremo, el cuál parecía no haber perdido siquiera una minúscula parte de su energía.

- Marchad tranquila, honorable hechicera- me dijo haciéndome sentir incrédula al haber usado el título de hechicera al referirse a mí- si, vos os merecéis el título de hechicera, al habernos mantenido a salvo durante dos lunas y tres soles, pero ahora, es función de Ruhnahaiel el protegernos.

Miré al Grathz Supremo cubriéndome el rostro con la capucha , pero creo que se percató de mi sonrisa de agradecimiento. No se había realizado una ceremonia, tampoco estaba la reina, pero ya era hechicera legalmente. Me di la vuelta y murmuré el conjuro de teletransporte, pues no podía perder ni un solo minuto. Ya que, cada segundo que pasaba, más probabilidades habían de que Daniel estuviera agonizando.

************************************************************************************************************

Abrí los ojos y me encontré con un paisaje desolador. Había aparecido a las afueras del castillo, el cuál había perdido todo su esplendor y estaba coronado por una especie de nebulosa más oscura que el más negro de los abismos. Me estremecí, pues no había ni un rastro de vida, todo cadáveres, casas destruidas,.. Pero yo no podía hacer nada, así que, con cierto pesar me adentré en el castillo, procurando no mirar atrás.



- ¿Señora?- murmuré entrando en los aposentos de la reina Ashía.

No obtuve respuesta, y eso me inquietó. Me adentré más en la habitación y descubrí a la reina echa un ovillo al lado del armario, como una niña asustada.

- Han capturado a los Guardianes- murmuró mirándome con pesar y haciéndome sobresaltar- y me busca, me busca y me matará y el Décimo Reino....

Le tendí mi mano a la Reina Ashía, y ésta vio una marca que indicaba que era hechicera en la palma de mi mano, la cuál había producido el Grathz Supremo al nombrarme Hechicera.

- ¿Una Hechicera?- preguntó atónita.

- No hay tiempo para explicaciones, alteza- le dije mirándola.

La reina era delgada; de pelo negro, largo y liso, el cuál llevaba suelto; sus ojos eran azules y grandes; sus cejas finas y arqueadas; sus labios finos y su piel bronceada. Pero no tenía tiempo de admirar nada más, debía encontrar a Aktugiel.

*********************************************************************************************************

Las dos anduvimos por el palacio sin hallar presencia del nigromante, hasta que, de súbito, sentí una presencia tras de nosotras, una presencia de alguien rebosante de energía oscura, lo cual me asqueó.

- Aktugiel- confirmé sin siquiera volverme.

Ambas nos giramos y vimos una figura encapuchada que reía con una risa oscura, malvada, además de siniestra.

- Vaya Ashía, por fin nos vemos ¿Y usted señorita, o señora?- preguntó al reparar en mí, que seguía con el rostro encapuchado.

- Yo soy la Hechicera Lux- le respondí desafiante.

Aktugiel rió otra vez.

- Pues comprobemos que sabes hacer- dijo con sorna.

Sentí una oleada de miedo en mi interior, pero ésta se disipó al imaginar a Daniel, con su sonrisa , sus enormes y majestuosas alas y su cabello rubio y brillante.

" Reina Ashía, yo lo entretendré, pero por favor, libere a los Guardianes, presiento que están cerca", le pedí a la reina por telepatía. Ella me miró y me hizo un gesto apenas perceptible de afirmación.

Me volví a Aktugiel y éste me lanzó una llamarada que yo sofoqué con hechizo de congelación.

- Muy bien- murmuró él- pero si jugamos, juguemos bien- dijo quitándose la capucha.

Mis ojos se abrieron como platos, pues no era para nada como creía. Tenía el pelo blanco, por los hombros, totalmente liso; sus rasgos eran inexpresivos, mas armoniosos; tenía un ojo de color carmesí y otro dorado, pero eso no lo afeaba y su mirada era fría, oscura, la cuál me hizo estremecer de puro terror.

- Ahora vos

Yo obedecí y me descubrí el rostro, pues en un combate los dos contrincante debían o no verse las caras o vérselas mutuamente, era un código de honor que los hechiceros debían cumplir siempre.

- No eres como esperaba- murmuró mirándome de arriba a abajo- te esperaba...distinta.-agregó evaluándome con la mirada.

- Basta de cháchara.- dije cortante.

Le lancé un hechizo del cuál salió un enorme fénix de luz. Él contraatacó con un manto de oscuridad, pero, la luz siempre halla un hueco entre la negrura más inmensa, y mi fénix luminoso iluminó su horrible abismo. Aktugiel gritó de rabia y ya desesperado me lanzó un maleficio mortal. Me abracé a mí misma y murmuré un conjuro de autoprotección, mientras sentía como mi energía atravesaba mi piel y la tela de mis ropajes. El maleficio me dio y rebotó debido a la capa de protección. El maleficio de Aktugiel le dio de lleno, pero debido a su condición de nigromante joven, solo lo aturdió. Aproveché ese breve instante de distracción para lanzarle un conjuro letal incluso para él. Aktugiel miró con horror mi conjuro e intentó contraatacar, mas sabía tan bien como yo que no podría hacerlo en tan poco tiempo, con lo cuál mi conjuro le dio y acabó con su vida.

Me acerqué a su cadáver y lo quemé mediante un sencillo conjuro para que no pudiera ser devuelto al mundo de los vivos ni por el mismo Tukhaniel, y realizado este acto, me desmayé debido al enorme gasto de energía, pues ese combate, aunque había sido breve, había agotado mis energías al realizar conjuros y hechizos de tal magnitud, pero antes de perder el conocimiento, mi último pensamiento fue para Daniel

************************************************************************************************************

- ¿Y los Guardianes?- le pregunté a Ashía al verla sin ningún Guardián.

- No los hallé- respondió ella- creo que alguien se me adelantó y los llevó al Onceavo Reino, lo siento.- murmuró ella con pesar en sus pupilas azules.

Apreté los puños y me mordí el labio intentando contener algunas lagrimas. Daniel estaba vivo, lo presentía. Sabía que había estado en las mazmorras del castillo, pero ahora tenía la certeza de que estaba preso en algún lugar del Onceavo Reino, el Reino de la Oscuridad, y estaba dispuesta a penetrar en el más oscuro abismo con tal de salvarlo y tenerlo otra vez a mi lado.

- Estés donde estés, no me olvides- murmuré en un susurro apenas perceptible, esperando que Daniel lo percibiera en sus oídos. - porque te prometo que te sacaré ahí, aunque sea lo último que haga.

Miré hacia el cielo, esperando en vano ver a Daniel volando delante de uno de los tres soles, con sus alas extendidas, su túnica desgarrada, su mirada cansada mas no menos profunda.

Jamás pensé que un ángel tan luminoso como él pudiera quedar atrapado en la oscuridad pero él no lo estaría por mucho tiempo.
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anna

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MensajeTema: s   Jue Jun 24, 2010 3:06 pm

Definitivamente te gusta atraparme en todas y cada una de tus historias (eso y hacer que me quede sin uñas).

Peor a quien quiero engañar me encanta que me atrapes, espero que también continúes esta pronto y que nunca dejes de escribir.

Besos y cuídate mucho.

Pem.
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Nana Tenebra Morte

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MensajeTema: Re: En busca del Guardián Oscuro.    Jue Jun 24, 2010 3:09 pm

jajajaja, pobres uñas xD, intentaré actualizar cuando pueda, en serio, y cuida tus manos Smile), para un escritor valen mucho. Smile)
Besos y cuídate mucho, espero verte, y pasaré por La Luz de Sheanar.
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MensajeTema: Re: En busca del Guardián Oscuro.    

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