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 Muerte y Dolor en Tokio- Crónicas Vampíricas- Lestat y Rowan.

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EgyptDiva



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MensajeTema: Muerte y Dolor en Tokio- Crónicas Vampíricas- Lestat y Rowan.   Sáb Nov 01, 2008 12:17 pm

Situado luego de "Cánticos de Sangre", el final de la saga.

El comienzo de una desgracia.


No sé si gritar de rabia, dolor, de alegría, o de placer por la venganza consumada. Esa joven vampiro, esa hermosa criatura china inmortal que poseía un corazón de acero, yacía arrodillada, en una posición para ella humillante, peor que la muerte, frente a Kenji Sagawara, el hermoso vampiro señor de Tokio, que le apuntaba con su katana quemante en el cuello de cisne.
Su lacio pelo lustroso cae sobre su corrupto rostro angelical. Su espada china está rota. Había sido derrotada por el mismo Kenji minutos antes. Otra vez.
-Mátame. – le dice en cantonés. – Prefiero esto que la humillación, lo sabes.
El corrupto ángel, con su inmaculado traje blanco lleno de mi sangre y la de ella, aparta uno de los lisos mechones de su cabello. La mira impasible.
-¿Mataste o no a Rowan Mayfair?- le pregunta en inglés, para que yo entienda. – Sabes que puedo humillarte de maneras peores. Ya perdiste tu honor, amor mío. No tienes nada que darme.
Ella se ríe irónicamente, y me mira con sus hermosos ojos torvamente.
- Deja de ser tan estúpidamente solemne, Kenji.- le responde en mandarín, a pesar de nosotros. – Yo no maté a Rowan Mayfair. Ella solo era el camino.
Yo me enfurecí. ¿Con que solo era un camino? Mi amada, mi amada Rowan había muerto cercenada en Tokio. ¿Con qué motivo? No lo sabía. Vinimos a explorar, juntos, lo que nos deparaba la noche en esta grande, colorida y luminosa ciudad. A la semana, no la encontré, y pensé que se había ido a comer. Oí sus gritos, mucho más tarde. Sus gritos pidiendo piedad. Su voz clamando mi nombre, y yo inmovilizado por una terrible presencia.
La encontré con la garganta cercenada de un tajo. Obra de un profesional. Lloré por ella más que por Louis, Claudia, Merrick, o mi madre. Lloré tanto como pude, tanto como pudo mi alma llorar hasta que se secaron mis lágrimas y comenzó mi odio. Mi rabia. Así me castigaba Dios. AL fin y al cabo, no pude salirme con la mía. ¿Quién pudo haberla matado? ¿Por qué?
Debió ser alguien que me odiase profundamente. Alguien como… ¿Cómo quien? ¿Como un Taltos? Pero… Pero esto parecía obra de inmortales.
Llorarla fue terrible. Enterrarla fue peor, sobre todo cuando no descubrí su cadáver. Alguien tenía ese cadáver, el bello cuerpo de mi razón de existir. Alguien la profanaba minuto a minuto.
Si no la hubiese llevado a Tokio… si, si tan solo… si tan solo no me hubiese burlado de Kenji…
Pero él no había sido el causante. Era esa vieja vampiro china que me miraba con perfidia. Su venganza estaba consumada. Dios mío, alguna vez mi hermosura tendría que pasar cuenta. Alguna vez alguno de los que me amaron tenían que cobrarme…
Pero no así, no así. Rowan no podía ser solo un camino. ¡Un camino! ¿Pero que había hecho yo? ¿Qué? ¿Qué había hecho para que la vida de Rowan me fuese arrebatada de esta manera tan estúpidamente infame?
-Habla- prosigue Kenji, insensible ante mi dolor, mi rabia, mi asombro, blandiendo su katana frente a su creación.
-¿Qué gano yo con eso?- pregunta ella burlonamente.- Dices que ya no tengo honor. Si es así, ya no tengo nada que perder.
-Morirás en la infamia, entonces- señala Kenji, quitándole la espada de la blanca garganta. –Tantos años luchando, Yue Lie, hija del señor del Imperio Celeste, tantos años huyendo y derramando sangre para terminar como mísera sabandija. Te debilitaré de la manera más baja. El más débil de nosotros aquí te matará- dice mirándome.
-Andando- se burla ella, cínicamente. Dios, como odiaba ahora su rostro impasible. El se acerca. Toma su rostro, amorosamente. La besa, la besa con deseo. Ella trata de defenderse, pero al ver que no toma su sangre, quita las manos, y lo abraza.
El, repentinamente, le aprieta el corazón. Ella escupe sangre.
-¡Maldito!- dice abofeteándolo.- ¡Es el Beso de la Muerte!- jadea ahogada. – Creí que solo yo podía hacerlo... ¿Quién diablos te lo enseñó? ¡Habla!
-Lestat- me dice cortésmente el joven corrupto vampiro. - ¿Deseas que se bloqueen sus arterias, o sencillamente quieres llegar al fondo del asunto?
-Haz lo que creas conveniente, Kenji- le digo fríamente. –Es tu ciudad.
Ya no me importaba lo que le pasase a esa maldita criatura. Quería ver su sangre a mis pies.
-Habla- le ordena a la hermosa y malvada china, que trata de respirar y se toma su garganta. Sus ojos comienzan a llorar sangre.
-Es Yatsuja… es ella… está viva y ella es la que tiene a Armand… y tiene a Gabrielle…
El japonés palidece aún más tan solo con oír el nombre de mi madre. Tal vez el había logrado crear algo más que un “vinculo” con esa mujer que ya no parecía humana, en palabras de Armand. Tal vez fue la razón por la que ella nunca estuviese cerca a mí, sino más lejos de lo que pensaba.
Ella sigue jadeando, pero aun conserva sus fuerzas. Se pone en pie como si no significara nada que su sangre dejara de correr segundo a segundo. Me toma por sorpresa, aprieta tres puntos de mi pecho que me paralizan, y me aprisiona con una fuerza terrible, tomándome por el cuello, y apuntando su uña a mi corazón.
-Quítamela o lo mato- lo amenaza. – No me importa si bebió del mismo Dios, basta un minuto más para que le haga explotar el corazón- dice sudando de furia, mientras la sangre comienza a producir largas marcas en su antes pulcro y marfileño rostro.
-Que estúpida- me burlo yo. –Ya no tengo nada que perder, al igual que tú.
-Cierra la boca- dice ella presionando poco a poco. Siento como toda mi sangre, mi vida se contiene dolorosamente en cada una de mis venas. El japonés parece un niño viendo como un caracol se derrite. No se inmuta. Mira hacia el piso, y se quita sus mechones de su rostro de niño consentido.
-Tiene a Gabrielle… pero que poderosa se ha puesto, la maldita. No le bastó con suicidarse por mi culpa. Tú tuviste que ver con esto ¿verdad?
Yo no entendía nada. Hasta que vi a través de los suspicaces ojos de Kenji una hermosa geisha, una hermosa criatura llorando con el cadáver de un mortal. Kenji lo había matado. Ella le gritaba, le pataleaba. El no se inmutó. Ella se hizo cenizas, y el enloqueció de dolor, enterrándose durante 200 años.
Yue Lie sonríe familiarmente.
-Me descubriste- dice con horroroso gesto pícaro. - ¿Creías que no me iba a vengar? Sabias que lo haría. Apenas se hizo cenizas maté a tus sirvientes y las recogí. Yo misma la volví a crear, pacientemente, durante 2 siglos. Es más poderosa que tu. Y que cosas, ella también cayó bajo el influjo de este estúpido Príncipe Malcriado. Es una lástima que Rowan se le haya aparecido en el camino.
Ella se echa a reír, sin voz. Una risa maligna que no había oído hacía mucho tiempo. O tal vez si, esa risa falsa de las jóvenes amantes vampíricas de Kenji, señor de Tokio, hermosas, objetos, desechables y peligrosas.
-Así que tiene a Gabrielle…- dice meditando, indiferente a nuestra lenta y dolorosa muerte.
Da dos pasos, y presiona el pecho de Yue Lie. Hace lo mismo con el mío. Los dos respiramos a bocanadas, volviendo a la vida, como si despertásemos luego de un siglo bajo tierra. Kenji no me ayuda a levantarme. Me mira con su mismo rostro impasible, lo mismo que a su criatura.
- Bien, Lestat, una noche. Yatsuja cree que he me has matado. Nos esconderemos en mi casa, que es inexpugnable. Mis sirvientes han creado sistemas terribles para no dejar pasar a nadie, mortal o inmortal. Tú, púdrete o pelea conmigo. Yatsuja es imposible de derrotar con mi sola espada. Luego, Lestat podrá tomar venganza, si lo desea- le dice dándole órdenes a su traidora y rencorosa criatura.
Ella se levanta, con mirada torva.
-Está bien- dice acomodándose su lacio y fino cabello negro. – Primero lo mataré a el, y luego a ti.
Ahí yo lo comprendía: Ella también me amaba, tanto como a su amada Yatsuja, o mucho más. Me amó desde que me vio, ya hace 2 años en casa del señor de El Cairo, Musharraf Alami. Y yo no pude ni quise corresponderle. Recordé su risa, sus insinuaciones. SU mirada de tristeza. Ahí comprendí que ella habría querido hundir su espada en el cuello de mi ahora perdida amada.
Oigo su pérfida risa, mientras Kenji les dice a sus sirvientes que arreglen mi aposento, junto al de él. Sus jóvenes sirvientes vampiros, tan crueles, o más que el, Yuka y Sasuke, que tantos problemas me habían causado en Tokio. Manda a dos a buscar el cuerpo de Rowan, a sus dos escoltas más poderosos. El señor de Tokio había perdido su imperio de repente. Había matado clanes enteros de vampiros para ser derrotado por el odio de su criatura, tal y como me pasó a mí.
El no me dice nada. Limpia mi sangre, y mis lágrimas. Me mira con ese rostro de muñeca de porcelana, inclemente.
- Si eres tan poderoso, matarás a Yatsuja. Pero no lo creo. Por eso te ayudaré. Y también lo haré por tu madre.- me dice mirándome serenamente.
- ¿Qué tiene que ver Gabrielle en esto?- pregunto yo desganadamente.
El se levanta suavemente, y va hacia su tatami.
-Que la amo- me dice sin mirarme.
Y yo recuerdo cómo fue que lo perdí todo en un instante, y ahora mi cuerpo y mi alma se enfriaban hasta la locura, luego de su cruel pérdida. Y lo peor, su causante dormía plácidamente a mi lado. Esa risa maligna…


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MensajeTema: Re: Muerte y Dolor en Tokio- Crónicas Vampíricas- Lestat y Rowan.   Sáb Nov 01, 2008 12:18 pm

El Comienzo de una desgracia- parte dos

Afueras de Nueva Delhi.
Los ojos gatunos de la bella hindú con sari blanco miran la última vela prendida en honor a Laskhmi, una estatua ya sucia, en medio del altar con comida de los pobres aldeanos. Tiene una expresión preocupada. Pronto, la tinaja de agua cae en un golpe seco. Ella se agacha, lentamente, y examina los pedazos uno por uno, con sus uñas de cristal. Sus ojos se tiñen de rojo, mientras sus pupilas tiemblan. Se levanta, y mira el río, el ruido de los animales. Baja por las escalinatas, y acomoda su velo, mientras la sangre cae sobre el agua colindante con las últimas escalas. Mira su reflejo y sus ojos rojos como un rubí. Ella también oye la risa.
Cierra los ojos, y junta sus manos.
“Krishna, si aún existes, si aún escuchas los ruegos de esta criatura que no es digna de ti, perdóname. Mi mente lo ha cumplido. Ruego un castigo. Ella no lo merecía, no… el tampoco… perdóname por desearlo… perdóname… ni mi muerte me salvará…”
Ella mira al cielo. Sus ojos siguen rojos, pero sus pupilas verdes expresan un remordimiento infinito. Su bello rostro parece que estuviese herido, surcado por la sangre.

“Dime porqué tuve que seguir los mismos pasos de aquellos que se descarriaron por su rostro. Porque cuando ya había aceptado ser maligna y a obtener tu gracia… porque cuando ya había aceptado que mi senda era el mal sin que por eso me viese obligada a ser destruida… el llegó... junto con ella… y los guié…. Y los amé con el amor infinito y el aprecio de quien admira a otro y le tiene compasión…”
“Rowan, perdóname. Te deseé la muerte apenas te vi con tu amado. Perdóname por haberte traicionado. Perdóname por no haber cuidado de ti “
Ella se queda mirando al firmamento un largo tiempo. Ha decidido exponerse al sol. Ha decidido morir porque no aguanta el dolor de sentirse culpable, indirectamente, por la muerte de una mujer que conoció desde niña, y a quien guió, cuando podía, con sus consejos, a pesar de ser ella misma un vampiro. Oye los pasos de alguien en el bosque. No se inmuta.
-No lo hagas… Pharvatti.
-¿Ha sido Musharraf Alami, señor de Asia quien te ha mandado? ¿Eres su esbirro o su mejor amigo?
- El está tratando de aplacar a Maharet en Camboya. Lo que han hecho allá en Tokio será algo terrible, si no se soluciona pronto. No necesitamos a alguien que muera de forma innecesaria.
-¿Por qué has venido, Marius?- le pregunta ella mirando el reflejo del rio, que mostraba un hombre maduro con camisa roja, rubio, muy apuesto.
- No deseo que mueras, Pharvatti. Vine porque he escuchado tu sufrimiento noche tras noche. Yo también escuché a Rowan gritar. Todos. Y tú has sido una de las mejores de nuestra especie, a pesar de todo.
-No se para ti que sea la bondad, Marius- dice ella lavándose el rostro. – Rowan vino a mí siempre, aunque me viese lejana. Rowan vino a mí con la felicidad en medio de la oscuridad que las dos compartimos. Y ese era tu pupilo. Todavía conserva su insolencia, a pesar de lo que amó a mi querida. Todavía conserva sus dilemas, sus dudas. Todavía conserva su pasión por la vida, por todo, por todos. Hablamos de tantas cosas… y oscuros pensamientos me invadieron. Pasé de ser la que todos admiran por su acercamiento al cielo, no al infierno, a ser invadida por el deseo. Y tal vez aquellos que la mataron en Tokio concretaron lo que odio ahora por desear.- solloza.
El toma su mano.
-No serás la primera, Pharvatti. – le replica pacientemente. – Yo también lo hice. Llegaste bastante tarde a su vida. Tus sentimientos son profundos, bastante intensos para lastimarte. Eso también le pasó a Louis, y le pasó a David. Lo amaron tanto que no entendieron que él lo hacía a su manera.
-No soy Louis, Marius- dice ella quitándose el velo y dejando ver su largo, sedoso y castaño cabello, mirándolo trémula. - Mi espíritu tambalea, pero no es egoísta. Me he enamorado de Lestat de Lioncourt y eso es mi condena, ya que he provocado así la muerte de quien amé desde pequeña.
-Eres sabia, pero no tanto. – le responde Marius compasivo. – No permitiré que mueras por algo que no has hecho.
Ella inclina su cabeza, y llora.
-No quiero que le hagan nada a su cuerpo. No pueden ser tan miserables… no.
El se conduele de esta hermosa criatura que nació para la inmortalidad. Tenía el mismo don de Raglan James, aquel quien le había robado el cuerpo a Lestat. Tenía el don de robar espíritus, pero ella hacía a algunos volver a sus cuerpos. Podía encontrar a cualquiera en el inmenso paraíso de la muerte. La reencarnación le estaba negada. Ella consideró que esta había sido la última. La inmortalidad negaba el estado natural del alma. Era como si ese maligno espíritu que consumió Akasha se hubiese saltado eones de reglas eternas.
El la entiende. La abraza como un padre. AL fin y al cabo, ella misma había hecho que él y Pandora se reencontrasen, cuando fueron a visitarla por separado.
La gurú seguía siendo esa pobre viuda de sari blanco, apartada y humillada, solo que ahora lo era por sí misma.
Ginza , dos meses antes.
-Lestat, ¿por qué me llevas a estos lugares de locos? Aunque me parece bastante gracioso que hayan chicos vestidos como tu cuando tenías tu verdadera edad por aquí- me dice Rowan, más bella que nunca con ese abrigo púrpura que adornaba su bella silueta, mientras su largo cabello rojizo cae sobre sus hombros, mientras mira complacida a todos esos jovencitos japoneses imitando los trajes y modas occidentales de una manera pintoresca y exagerada. Jovencitos que pavonean sus celulares y se disfrazan de… mi… o de lo que sea. Chicas vestidas de colegialas con ridículos moños en su cabeza, chicos maquillados. Todos felices, despreocupados, deliciosamente frívolos y juguetones. Todos pululando a través de las luces de neón en japonés anunciando relucientes marcas, y plastificados juguetes nuevos.
Habíamos estado dos semanas en la India, en Nueva Delhi, con Pharvatti, una extraordinaria y bellísima inmortal que había sido, cuando podía, el soporte de Rowan. Su amiga a distancia. Era maravillosa. Gracias a ella me enteré de donde venía el don de robar cuerpos. Y también de las reencarnaciones. Genial, no estaba del todo loco. Nos transmitió alegría, a pesar de que cazaba huérfanos miserables con ferocidad, y gente de mente bárbara. Era, en una palabra, perfecta, la diosa que también fue alguna vez Akasha, solo que sin un ápice de crueldad. Espléndida.
Pero yo solo tengo ojos para Rowan, así que nos separamos con cierta incomodidad. A pesar de todo, parecía una versión joven de Marius, a pesar de llevarle 1500 años… pero bueno, estábamos en Tokio, todo lo contrario a la espiritualidad, la paz, el estatismo de la selva india. Autos, gente, gente, gente, jóvenes con juguetes, celulares… y vuelvo en mi.
-Porque sabía qué harías esa cara, Rowan. Esa cara de complacencia- le digo, mientras le doy un beso de sangre, al que ella responde con pasión.
Nos sentamos en cualquier café con sillas al aire libre, un aire de verano inundado de voces y de ruidos, de olores a café, sake, y otras sustancias que no pude identificar. Hay varias chicas hablando por celular, y otros chicos, borrachos, están a punto de hacer una escena.
Seguimos conversando, pensando ver el florecimiento de los cerezos e ir a algún templo. Tokio era extraordinario con su apabullante y agresiva modernidad en medio de su plácida tradición, como lo demostraban los chicos. Se oye un grupo pop de allí, a todo volumen. De repente, siento dos presencias en medio de la multitud.
Inmortales. No eran occidentales. Sus conversaciones venían a mí como un murmullo. Tenían menos de 100 años de creados, pero solo pensaban en un pobre inmortal menor que ellos que murió calcinado por dos… ¿katanas calientes?
Los miro. Una jovencita vestida de colegiala, hermosa y escuálida, de largo cabello castaño y liso, que habla por celular y finge mirar hacia los lados. Un jovencito igual, algo mayor que ella, también con uniforme de colegio, con cabello largo y alborotado, y hermoso rostro. Tiene una mirada corrupta. El nos mira fijamente, ocultando sus pensamientos para Rowan y para mí. Le da una señal a la chica con sus ojos. Ella apaga su ostentoso celular. Nos mira y echa una risita tímida, tapándose la boca y sonriendo con sus pequeños colmillos. En cuestión de minutos desaparecen. Rowan lo observa todo extrañada.
-¿Porqué te mirarán tanto? Se nota que eran vampiros. Tal vez sea por el libro…- dice haciendo conjeturas.
-No- respondo yo cauteloso. – En cada ciudad hay un vampiro más poderoso que los demás. Cuando viene uno nuevo, de inmediato lo detecta. Estos deben ser fuertes, pero no los más poderosos. Tal vez eran sirvientes.
-¿Sirvientes? ¿Tienen una agrupación como la de Armand?- pregunta Rowan un poco divertida.
-Tal vez- digo suspirando. – Pero habré de vigilarlos. Creo que su amo los asignó para seguirnos.
-Bah, tu eres bastante fuerte y puedes acabar con quien sea. Has ido al infierno, y me has soportado- responde Rowan mordazmente, negándole importancia al asunto.
Yo la beso. Ella siempre me reconfortaba. Vamos por Ginza a uno de los clubs de moda de la ciudad. Atestado de jóvenes, de turistas, de jóvenes vestidos con jeans, vísceras, chaquetas plateadas. Música electrónica, sudor, cuerpos que se acercan sensualmente para bailar unos con otros. Bellezas con vestidos brillantes y cortos. Vamos a la sala de lounge, donde nos recostamos en un sofá.
- Que genial es todo esto- dice ella nostálgica. – Me recuerda un poco mi juventud, aunque mi única mesa era la de cirugía.
Yo me río. Su convulsa vida de médica, ahora que habíamos pasado por tanto, era una pequeña mancha en su corazón, que poco a poco cicatrizaba. Quería beber sangre de uno y de otro, pero no podía dejar sola a Rowan.
Ella me toma la mano.
-Ve, Lestat. Ve a beber. Yo me quedaré un rato con mi trago- me dice comprensiva.
Se para la música. El dueño del bar anuncia en japonés una banda. La mayoría de los jóvenes gritan emocionados.
Salen al escenario dos jovencitas japonesas, una en la batería, otra en el micrófono, y un jovencito japonés bastante flaco, con cabello rubio y asimétrico, tocando la guitarra. Comienzan a tocar una canción enérgica, ruidosa, con ritmo pegajoso y desesperante. Todos los jóvenes bailan como locos, y se golpean entre ellos. Yo sonrío de complacencia. Era el momento oportuno. Mi primera víctima es una tímida muchacha de cabellos cortos, que baila conmigo. LE doy un beso, al que responde con una carcajada nerviosa. Me acerco y la tomo de la cintura.
Ella se ríe tímidamente.
-Que guapo eres tú, todo rubio…-dice en un inglés precario, mientras me acaricia el cabello.
.Beso su cuello, rápidamente. Sus amigas, animadas, se han ofrecido a bailar conmigo. Huelo sus inocentes cuellos repletos de perfume floral, y bebo un poco de todas.
También salto como un loco, causando las risas de varios muchachos del lugar. Regreso a la sala de lounge… y… Rowan no está. Trato de localizarla, y sé que no está en el baño. Salgo de la sala y me topo con los dos jovencitos que vi en el café. Me miran con expresión amable.
- Lioncourt – san- dice la chica haciéndome una reverencia. – Mi nombre es Yuka Tamikara. Por fin lo conocemos. Nuestro señor Kenji se pondrá muy feliz.
- Su mujer está con el señor Kenji- dice el muchacho con lasciva y fría expresión, analizándome con los ojos en todo. Mucho gusto- dice haciéndome otra reverencia. – Sasuke Takeshiro. Venga con nosotros.

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MensajeTema: Re: Muerte y Dolor en Tokio- Crónicas Vampíricas- Lestat y Rowan.   Sáb Nov 01, 2008 12:19 pm

Yo los sigo por un laberinto de salas, fijándome en sus katanas a la espalda. Las salas están llenas de faroles de luz roja, hasta llegar a una sala con luz morada, donde Rowan se encuentra sentada diagonalmente de un hermoso joven japonés de traje blanco, facciones finas y cabello a media melena que besa a dos vampiritas de menos de 50 años, por turno. También veo que está rodeado de sus jóvenes servidores. Un chico de peinado asimétrico y cabello rojizo en las puntas, con una camiseta morada y cinturón blanco, que tiene una katana que acaricia. Una chica con el cabello grafilado y entre largo y corto que se pinta las uñas de sus manos, también vestida de colegiala. Un niño vampiro, de 13 años, vestido con kimono formal y con corte de tazón, que lee un libro rápidamente. Veo como el vampiro que está al centro de todo tira rápidamente un dardo que al clavarse a la pared, se consume. Me mira fríamente.

-Lestat de Lioncourt- me dice con voz imponente. – Bienvenido a Tokio. Te preguntarás porqué me he presentado de manera tan horriblemente inusual. Bien, verás que este lugar parece amable. Pero no lo es. Siempre sale una maldita sanguijuela traidora dispuesta a acabar conmigo. ¿Sabes por qué? Porque aun inmortal maté a muchos. Maté a todos los vampiros que estaban antes que yo. Acabé con clanes enteros. Pero tú y yo sabemos que mala hierba no muere nunca, ¿verdad? Así que ellos, mis hijos, me protegen y me sirven. Y yo hago lo mismo- me dice sonriente.- Así que ten cuidado. No todos los vampiros que encuentres en Tokio vendrán a recibirte con los brazos abiertos. Yo tampoco, de hecho tus libros me parecen algo bastante pueril, pero no menos pueril que mí joven Yakuza, la que tengo por cuestiones de seguridad. Ningún vampiro de Tokio te molestará sin mi permiso.
-A propósito- dijo en voz alta, mirando a sus servidores, ruidosos como colegiales, malcriados e infantiles. - Sasuke, Yuka. Vayan al distrito 3. Averigüen por ya saben que. Andando- le ordena a sus dos principales jóvenes, que obedecen con una reverencia y parten con sus katanas. – Los demás, no hagan estupideces cuando cacen. Cuerpos sin marcas. No quiero matar toda la maldita policía, como casi hago la vez pasada, por culpa de novatos que no saben cómo cerrar heridas con sangre.
Todos los jovencitos de la sala, incluidas las dos chicas que antes besaba, hacen reverencias, y se van mirando hacia el piso, sigilosos, como si fuesen eunucos del Palacio Imperial Chino. El, con la punta de su zapato blanco, golpea el piso. Se abre una puerta en medio de la blanca pared, una puerta con luz aguamarina.
-Síganme- dice con cortés impersonalidad.
Vamos hacia un jardín, luego de pasar un pasillo lleno de luz azul y roja. Un jardín típico japonés. Tiene estanques, puentes, y flores. El toma una flor de cerezo y se la ofrece a Rowan. Ella agradece, intimidada por la mirada perspicaz y fría del hermoso japonés. Yo también estoy fascinado con él. Su enigmática mirada, su presencia arrogante y pulcra, corrupta y joven. Un joven señor de la Yakuza vampírica de Tokio. El es cortante. Eso nos gusta a Rowan y a mí, particularmente.
-Confírmame por favor, Lestat san, si mis sospechas son ciertas- me dice mirando el estanque, mientras juega con los peces.
-¿Qué deseas saber, Kenji?- le pregunté serenamente. Se le notaba ansioso a pesar de que lo disimulaba.
El me mira torvamente. Me sonríe, con una sonría aguda, como si su boca se estirara 10 metros. Pero esta amable y ambigua expresión cambia pronto.
-Eres bastante parecido a ella. Tal vez creí que contigo me respondería. Soy un estúpido. Tal vez si no me controlo y beba a 100 borrachos con sake, mande a Yuka y a Sasuke por su presencia.
Yo no entiendo. El me adentra en mis pensamientos. Me turbo al comprobar, nada más ni nada menos, que “ella”, no es otra que Gabrielle. Gabrielle rodeada por 10 vampiros adolescentes con katanas calientes (que raro, nunca había visto una). Gabrielle arrastrada, sometida ante el poderoso Kenji. VI como se burlo de él. Como lo desairó. Se negó a irse, a pesar de eso. Y él, poseído de inmenso deseo por ella, la secuestró con sus secuaces. Pronto se sedujeron, hasta que ella le dijo que volvería. SE lo juró con sangre, por su propia alma. Y para mi mayor sorpresa, no sé de dónde diablos había sacado una de sus antiguas joyas. Se la dio, diciendo que eso significaba todo. Si ella no volvía, que la buscaran sus secuaces y la mataran. El quedó convencido, pero era muy refinado para jurar. Aceptó la joya, desdeñosamente. Ella le dio un largo beso y se esfumó de Tokio, tal y como lo había hecho allá en Egipto, conmigo, hace ya casi 200 años…
El me vuelve a sonreír como un duende maligno, con extremada elegancia. Se acomoda su melena hacia el lado de su fino y anguloso rostro.
- Eres igual a tu madre. Creí que vendrías con ella. Así que, con todo el respeto que puedas merecerte (aunque me importe un comino lo que hayas hecho antes…. El infierno yo lo conozco aquí), deseo que mientras estés aquí no te acerques a mí. SI necesitas ayuda por cualquier extranjero que te moleste, o cualquiera de la ciudad, házmelo saber por Yuka. De lo contrario, no me verás.
Pero qué ridículo este vampiro, pensé, jugando a ser un gran señor. Solo me pude echar a reír por su estúpida solemnidad y su afectada arrogancia.
-Está bien, “sensei”, si no soy “digno” de ti… no te molestaré… ni a ti ni a tu mafia de monstruos… pero dime algo ¿tengo prohibido ir a algún lugar? Solo soy un pobre turista…- le respondí burlón.
El me oculta sus pensamientos. Me mira gélidamente.
-Sencillamente, Lestat, desprecio todo lo que has hecho. Por tu culpa muchos de mis amigos murieron calcinados, cuando despertaste a esa loca que teníamos por reina. No me importa si has ido al cielo o al infierno, me parece realmente ridículo todo lo que has pasado. Eres bastante inmaduro para mí. Te he invitado aquí solo por tu madre, y solo para conocerte en persona. Y… eres realmente bello, pero me quedo con tu madre… si no es que Yuka y Sasuke no han cumplido con su cometido.
Yo me reí a carcajadas. Comprobaba la fama de ridículos y solemnes que tenían los vampiros japoneses.
-Soy un turista. No te creas la gran cosa, dije, mientras pisé las flores, tomé a Rowan y me elevé hasta nuestro hotel.
Antes de que ella se fuese a dormir en su suite, tendida en la cama, me acarició el rostro. Me miró preocupada. Kenji le había parecido intimidante.
-Ese vampiro es una víbora, Lestat… ten cuidado… no confío en el…
-Yo tampoco, Rowan, pero seguro me lo puedo cargar. No soy un vampiro novato… he aprendido más que ese sujeto en los últimos 20 años de lo que él pudo aprender en 1000 años de matar sujetos aquí. No será peligroso para nosotros.
-Confío en ti…- me dijo ella. Nos fundimos en un beso de sangre. Acaricié las formas de su cuerpo lenta y suavemente. Ella me abrazó con una calidez sobrenatural, me asía fuertemente, y su necesidad aumentaba con intensidad. Acaricié su sexo, mientras besaba su vientre, sudoroso, humano, animal… me complací con sus gemidos, mientras besaba sus piernas… y...
No dejé de pensar en ello todo el día siguiente. Pasamos una semana sin ningún incidente. Si sentía la presencia de vampiros jóvenes, que tenían sus pensamientos en seguirnos, pero sobre todo en divertirse de las maneras más macabras (uno de los más pequeños, que parecía un niño, encerró junto con Yuka a dos jóvenes estudiantes. Las sometieron a todo tipo de tormentos, como matarlas de hambre, hasta que las terminaron matando de un solo bocado. Terminaron muy decepcionados, pero este tipo de prácticas las vi en su jefe, el siempre arrogante Kenji, que cuando cazaba lo hacía de forma bastante subjetiva: Escogía a los más “horrorosos” para eliminarlos dolorosa y sangrientamente). De resto, no nos molestaron. Pero cuando lo hicieron, lo hicieron de manera inesperada y traidora.
Luego de salir de una sesión de teatro Kabuki, sentí dos presencias amenazadoras que nos rodeaban. Escondí a Rowan detrás de la galería de la casa de madera.
-Quédate ahí- le dije, temeroso. Ella accedió.
-Salgan ahora- les advertí. – Puedo mandarlos al infierno en minutos.
Oí risas estruendosas de dos jóvenes y tres jovencitas. Tenían su cabello grafilado, y tinturado de tonos rosados, y otros colores fosforescentes. Cinturones blancos, cadenitas, moños…
-Pues bien- dijo uno de los chicos- Probemos. Tenía muchas ganas de matar a Lestat de Lioncourt…

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MensajeTema: Re: Muerte y Dolor en Tokio- Crónicas Vampíricas- Lestat y Rowan.   Sáb Nov 01, 2008 12:21 pm

Parte cuatro

Todos se me abalanzan, y yo me los quito de encima golpeándolos. Alcanzo a recibir rasguños, y una mordida. Los mando a todos contra las paredes, y a otro contra un balcón herrumbroso. De repente, me asusto. Sus espadas parecen de… ¿fuego? Las que había visto hacia una semana donde Kenji. Sin embargo, no les demostré nada. Sonreí.
-Adelante. Muéstrenme su estúpido invento. Igual los mataré- dije, mientras me concentraba en uno. Este soltó la espada y comenzó a gritar de dolor. Reventó. Cayó al instante. Ninguno de los otros parecía asustado.
Se levanta como sin nada, escupiendo sangre. Se ríe, a pesar de que se desangra. Sacan las espadas y me atacan al tiempo. Yo el esquivo, confundiéndolos, esperando a que se maten entre ellos. Pasamos así varias horas. Estoy cansado, y molesto, es por el calor de las espadas. Ellos comienzan a atemorizarme, porque todos fijan su mente en Rowan, que observa todo asustada. Me hieren en un brazo. Grito de dolor y caigo. Siento el olor de mi propia carne chamuscada. Caigo de rodillas.
-Maldita sea…
-Yo lo mato- dice uno de los chicos en japonés.
-No, yo lo haré- pelea otra chica. - ¡Tu siempre te quedas con los mejores, Totoro!- protesta.
Comienzan a pelear entre todos. No pensé que saldría así. Maldición, humillado por jóvenes de menos de 1 año. Esto me pasa por confiado. Rowan trata de acercarse, pero una chica le apunta.
-NI se te ocurra- le dice en japonés, mientras sus cortos mechones le caen sobre el hermoso rostro.
Rowan afloja poco a poco el balcón de hierro oxidado, con solo mirarlo. Ruega porque nadie se dé cuenta, pero al minuto ya tiene a las dos chicas detrás.
-Atrévete a lastimar a Totoro y te mataremos- la amenazan. Ella está inmóvil, temerosa por mí.
Siento dos silbidos. De pronto veo que la garganta de una de las chicas comienza a volverse negra. Sus ojos están rojos. Escupe sangre negra, y comienza a consumirse. La otra chica cae de rodillas, mientras es envuelta en fuego. Una figura blanca salta, y solo veo su larga trenza bambolearse. Acaba rápidamente con los dos chicos, y con la otra chica. Escupe.
-Basura- dice en mandarín. Me apunta con su espada calurosa.
-Levántate- me ordena. Yo lo hago, muy a mi pesar.
-Tu- le dice a Rowan. – Acércate.
Los dos obedecemos, sin opción. Vemos al sujeto con larga trenza y vestido chino de hombre. Blusa negra, pantalones negros y zapatillas negras. El gorro típico chino. Y un rostro hermoso. Ojos grandes, boca carnosa. Manos más blancas que el marfil. No le molesta el calor de su espada.
-Síganme- nos ordena, mientras que con una mano me toma, y me alza en sus hombros, mientras coge a Rowan de la mano. Salta etéreamente sobre los techos, como en aquellas películas chinas de artes marciales. Sus pequeños pies apenas tocan el suelo. Rowan es sostenida con fuerza. Su espada nos guía en la noche.
Llegamos a uno de los pequeños ríos de la ciudad. El mete su espada allí, mientras el vapor sale ruidosamente, y el agua borbotea. Esperamos unos minutos. Yo no puedo con el dolor de mi brazo.
-Maldición- dice mirando a Rowan apenado. – Me olvidé de su herida.
Vamos rápidamente, de techo en techo. El corre endemoniadamente, hasta llegar a una de las zonas más tranquilas y lujosas de la ciudad. Abre una ventana sin tocarla. Automáticamente, se polariza. Cierra la ventana.
Me deja en el sofá. Me rasga la camisa y el saco. Saca sus colmillos, y se quita el gorro. Es una… mujer…
Una hermosa mujer que clava sus colmillos en su muñeca.
-bebe- me dice con su adusta mirada. YO obedezco. Siento como mi herida va sanando. Un alivio inmenso. Ella me arrebata su muñeca, y abre su herida sobre mi brazo. Su sangre es bastante poderosa. Me curo al instante. Estoy sorprendido, ningún vampiro desconocido había hecho eso por mí… hasta ahora.
-Fue esa basura de Kenji, estoy segura- dice apartando su largo y sedoso cabello de su rostro de muñeca. – Rowan Mayfair… ¿estas bien? – le pregunta en inglés.
-Si...- dice ella sorprendida. – Pero… yo…
-Tienen razón, tengo mucho que explicar- dice ella con su suave voz de concubina. – Soy Yue Lie. Tengo casi 900 años. A pesar de todo, soy la mejor espadachina del mundo. Alguna vez fui la consorte del emperador, pero mi destino era este. No me quejo. Me encanta ver quién puede retarme a través de los siglos. Y Kenji fue mi creador. Lo odio tanto como él a mí. Y lo odio porque él ha sido el único capaz de vencerme. Esa es toda mi historia.
-Yo…
-Sé quiénes son- dice ella cortante. – Leí tus libros, Lestat. Y comparto la opinión de Kenji, pero yo no estoy muerta de envidia. Me diviertes. Y veo que has traído a Rowan Mayfair. Está bien. Tuve que salvar a muchas de tus parientas imprudentes de la muerte, cuando viajé a Occidente.
-Yue Lie...- dice Rowan suavemente. -¿Porqué nos has salvado? ¿Es por usarnos contra Kenji? Evidentemente nos ha traicionado, pero... ¿Cómo podremos confiar en ti?
La china le sonríe despectivamente, como si ella fuese poca cosa. De hecho, eso era lo que pensaba de Rowan en realidad.
-Podría matarlos a los dos si quisiera, no soy persona de artimañas, sino de lucha. Además, me deben sus vidas. Solo quiero advertirles el significado de que estén aquí.
-Estoy dispuesto a escucharte… - digo yo aun asimilando la curación. De repente me siento bastante cansado. He tenido una noche bastante agitada. Casi me consumo por un grupo de novatos. Estoy dispuesto a saber porqué.
-¿Saben como Kenji se hizo dueño de todo Japón? Bien, el mató a los vampiros más poderosos de todos los clanes de las islas. Cuando llegó conmigo de Samarcanda (yo era su joven pupila), el decidió que encontraría a alguien que lo venciera con su espada. Yo deseaba serlo, por eso decidí andar con él, a pesar del amor que le tenía. Necesitaba derrotar al inmortal más poderoso del lugar donde nació.
Pronto nos encontramos con algunos poca cosa que matamos sin esfuerzo. Luego matamos a los vampiros más poderosos. Nos complacíamos matar uno… y otro…
-¿Cómo pueden hacer que las espadas consuman a alguien?- pregunté con gran curiosidad.
-Eso es un secreto inviolable, Lestat. Dicen que el primero que pudo convertir espadas en fuego gracias a que venció uno de los malos espíritus, un hermano del que nos dio el Don Oscuro, hermano de Amel. Y eso es todo lo que diré- dice mirándome adusta.
Nos dejó en la puerta de nuestro hotel, mirando a todos lados.
-Bien, Lestat de Lioncourt, cuídate mucho. Trae a tus amigos. No es bueno ser el único vampiro de Occidente en Japón. Pueden derrotarte si estás solo- me advierte Yue Lie.
Ella se va por los techos, volando como esas muñecas de ópera china. No sabía en qué lugar estábamos. Llamé a Louis y a Armand invitándolos a Tokio. Aceptaron la propuesta encantados. Deambulaban de aquí para allá en América, sin sentido, aunque conocían el motivo de mi invitación. David estaba en Camboya con Jesse y Mekare, por lo que no pude comunicarme con él.
Pasamos tres noches en relativa calma, preguntándonos por qué no se habían vuelto a aparecer. Me fastidiaban de veras. Comprobé que Kenji era un cobarde. Pero un cobarde muy cortés.
Al día siguiente mandó a Yuka y a Takeshino, el más pequeño de los vampiros, a mi hotel. Yo les mostré los colmillos, amenazador.
-¿Van a matarme ustedes también? – les grité. – Díganle al cobarde de su jefe que no me importa lo que haga, no me iré de aquí.
Ellos sonrieron cruelmente, y me hicieron una reverencia. Me entregaron una nota escrita en japonés, y desaparecieron.
El botones del hotel me dijo lo siguiente, mirando el papel:
-“Que provechoso fue arrastrar a tu madre desde Filipinas”.

Palidecí, mas de lo que puede alguna criatura como nosotros, mas que de lo de costumbre. Gabrielle, no con Gabrielle.

CONTINUARÁ...
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MensajeTema: Re: Muerte y Dolor en Tokio- Crónicas Vampíricas- Lestat y Rowan.   Sáb Nov 01, 2008 12:22 pm

Parte cinco.

Yo arrugué la nota, y le dije a Rowan que tomara el primer boleto de avión para irse de Japón. Ella se negó, argumentando que ya no le importaba morir si no sabía de mí. Que tierna. Así que decidimos los dos ir en busca de Yue Lie. Yo la llamaba con mi mente, diciéndole que algo aterrador estaba sucediendo. Le gritaba, inclusive, por su silencio. Hasta que, mirando en una esquina de la Torre de Tokio, divisé una silueta femenina cubierta con un abrigo. Cabellos rubios bastante desorganizados. Y bajo el abrigo, un kimono espectacular, que parecía de tiempos antiguos.
-Gabrielle… - murmuré con alivio.
Ella nos miró fríamente a Rowan y a mí.
-Fui a buscarlos al hotel Hilton, ya que me habían dicho que estaban ustedes dos allí. Ustedes- dice mirando hacia atrás. – Lárguense. Esto es entre Lestat y yo.
Salen dos muchachos japoneses inmortales, gemelos, de cabellos largos, que le hacen una reverencia.
-¿Qué le decimos, madame?
-Que volveré en dos días.- responde ella sin mirarlos. Ellos se esfuman entre los techos.
Yo me indigné. Así que ella había venido por propia voluntad. Maldito Kenji, sabía jugar bien con mis emociones.
-¿Pasa algo?- dice ella levantando una ceja, como si fuera lo más natural del mundo.
- Si, uno, que demonios haces aquí, y dos, porqué no me avisaste que estabas aquí.- digo yo furioso por la treta del japonés.
Ella se echa a reír.
-Lestat… Kenji es mi amante desde hace 5 años. Me cuida celosamente, tanto como yo a él.
-Oh, Gabrielle ¡no me hagas reír! ¡Ese sujeto casi trata de matarme hace tres días! ¡Mandó a sus estúpidos esbirros!
-Bien, no me he enterado nada de eso- dice ella inalterable. – Pero conozco a Kenji, no haría semejante estupidez. No le agradas, eso es verdad. Pero no es tan estúpido.
Yo la invito al cuarto de hotel. Ella se quita su abrigo, dejando ver un hermoso kimono de seda roja. Mira sus uñas rojas detenidamente.
-Madre, aun me resisto a creer que tu, esa inmortal independiente que ha luchado con leones y nunca ha amado a nadie sea ahora la esclava de semejante estatua bárbara…- le digo celosamente. Ni yo había conseguido retenerla ¿Por qué el sí?
Ella sonríe.
- Es una estatua, Lestat, has dicho bien. – dice ella suspirando. – Y por eso me gusta. Me gusta su crueldad, su maldad vestida de elegancia. Estoy cansada. Y él sabe cómo hacerme descansar…- dice lascivamente.
Yo volteo el rostro furioso. No podía creerlo. Mi madre, una sirvienta mas de ese imbécil con delirios de grandeza…
-Supongo que has venido por él, a lamer sus amarillentos pies- digo con furia, a pesar de la mirada de advertencia de Rowan.
- No, vine para que el me lamiera los míos- dice mi madre con su antigua dignidad de aristócrata. – Siempre lo hace. Jugamos el uno con el otro… quisiera tenerlo, pero lo mataría si me lastimase de la manera en que lo hace…
-Deliras por él, Gabrielle, y yo creyéndote muerta- le digo, mientras le doy la hoja de papel. Ella la lee con una sonrisa. Así me doy cuenta de que sabe japonés.
-Qué cruel…- dice a punto de reírse. - Vaya, ahora si compruebo que te detesta. Solo el haría eso. Bueno, no está tan mal. Por lo menos no te dijo que me había degollado.
-Odio que le perdones todo- le replico furioso. - ¿Quién diablos eres tú y que hiciste con mi madre?
-Eso debiste preguntártelo cuando me hiciste- me dijo ella punzante. – Igual, Lestat si no puedes verme así, entonces me iré. Porque no soportaré, maldita sea, que vengas a recriminarme como tu padre (al que debiste haber matado) por lo que hago o no. – dice levantándose. Yo ni me inmuto.
-Lestat, el y yo compartimos todo, incluso el crimen. Yo quise ayudarle porque lo admiro. He matado a bastantes vampiros solo por verlo como jefe de Tokio. Y él ha cuidado mi vida a donde quiera que vaya. Así que adiós. Cuídate, Rowan- dice ella con afectada voz. – Si quieres verme, estoy con Kenji.
Y salta por la ventana. Yo destrozo una lámpara con mi mano. ¡Maldita sea! Mi madre, esclava de un sujeto inferior a mí en todo. NO me quizo creer lo de nuestro intento de asesinato. Todo esto se lo decía con gran amargura a Yue Lie, que me miraba impasible, como siempre. Estaba vestida con un hermoso traje rojo de seda, un traje tradicional chino. Tenía flats rojos, uñas rojas y su sensual boca también roja. Acababa de matar a una mujer hermosa, esto lo pude ver en sus pensamientos. Le causaban mucha envidia. Y mucho placer truncar sus vidas.
-Tu madre es una idiota- me respondió robóticamente, mirando a una geisha en la casa de té donde nos encontrábamos. – El se aburre fácilmente. Si ha accedido, no durará mucho tiempo en sus manos. Él le lleva 700 años de ventaja.
-Eso no lo cree ella- dije yo con virulencia.
- Ni tampoco el, pero no te aproveches. Puede estar loco por alguien, pero rebanar a su hijo si es necesario.
-¿Porqué querría matarme?
-Quiere jugar contigo- dice Yue Lie observando a un muchacho que toca el shamisen. – Lo que quiere es retarte, pero le divierte saber que tu solo manejas el fusil y no la espada.
-No estoy de humor para jugar con nadie, Yue Lie – le dije fríamente. – Ya no. Ya lo he hecho toda mi vida. ¿Para qué continuar con tantas tonterías?
-Así que vas a irte de Tokio…- dice ella indiferente. O por lo menos eso fingía.
-Llámame cobarde, o lo que quieras, pero no querré meterme en tonterías. Estoy con Rowan, y no quiero que ella sufra por mi culpa.
Ella mira a la bruja.
-¿Quieres irte de Tokio?- le pregunta fingiéndose interesada.
- Si a Lestat le molesta… me hubiese gustado quedarme un poco más, pero aceptaré irme. – dice ella desconfiada. Sabía bien que me miraba con deseo, a pesar de lo que disimulara.
-Está bien – dice ella levantándose. -¿Quieres ver como se caza al estilo japonés? De despedida.
Yo acepto a sus ruegos. Quería verla matando sin un arma. Vamos directo a una de las estrechas callejas llenas de faroles rojos a la entrada de los negocios. Sale un horrendo sujeto gordo con dos amigos. Ella se le cruza en su camino.
-Hinobu –san- dice ella en japonés al hombre, con una voz que refleja sumisión. – Me ha mandado la dueña de la casa Akamine.
El la mira lujuriosamente, de arriba abajo.
-Una prostituta china… qué bueno. – Señores, ya tenemos diversión para el resto de la noche.
Veo como ella les ordena dejarlos que Rowan y yo los acompañemos en su limosina.
-Rowan, si quieres venir…- digo yo dubitativo. Ella dice que estará bien mientras se quede en un lugar lleno de mortales, como la casa de té. Yo le beso la frente.
-Perdóname…
Ella me sonríe.
-No hay porqué. Regresa pronto.- dice ella mirando con prevención a la china, que ahora finge reírse de los chistes tontos del señor Hinobu.
Nos metemos en la limosina. Los dos idiotas amigos del señor Hinobu se ríen conmigo. No los soporto. Huelen a sake y su aliento es de pescado podrido. Sus grasientas pieles sudan más de lo normal. Veo a Yue Lie besarse desaforadamente con el repugnante tipo, que acaricia torpemente su cuerpo. Ella me sonríe. Veo sus colmillos llenos de sangre. Y me doy cuenta que Hinobu está muerto. Yo tomo rápidamente al más detestable de sus amigos. El otro nos mira lleno de terror. Yue Lie sonríe, y se le monta encima.
-¡Bésame!- le ordena en japonés. El obedece. Ella pone las manos del sujeto en sus pechos. Lo besa, y lo deja extasiado.
-Tu mitad- me dice, mientras se relame la sangre. - Sabe a sake, pero me imagino que no te molestará.
Yo lo tomo, porque no hay más remedio. Tiramos los cadáveres por las portezuelas, luego de no dejar marcas. Ella me besa. Yo abro los ojos sorprendido.
-Yue Lie… no puedo…
Ella sonríe, lamiendo su boca.
-Lo sé… - dice besándome otra vez. – Te dejo al chofer. Bono extra. Igual, estas basuras tenían problemas con la mafia. Se puede culpar a cualquiera.
Ella se va por el hueco del techo. Salta, como jalada por el cielo. Yo miro al chofer, que observa aterrado como todos los pasajeros menos yo ya no están. Yo hago lo que tengo que hacer…
Conduzco de regreso al mismo lugar, impactado por el beso de mi protectora y guiado por la presencia de Rowan, hasta que Yue Lie me asusta cayendo sobre el parabrisas. Yo freno en seco, esquivando algunos autos. Ella se mete por la ventana.
-Acelera. Vamos a mi apartamento- me ordena.
-No creerás que…- le digo yo temeroso.
-No- dice ella, mientras me guía.
Salta hasta la ventana. Saca su espada china y otras armas.
-¿Para qué demonios…?
Ella me mira temerosa. Yo avanzo. Ella me da el puñal pequeño.
-Si tuviste que matar ladrones en París puedes con esto. Se activará apenas lo saques.
-No entiendo…
Salimos del auto, y corremos por los techos. Ella se queda mirando hacia un punto fijo.
-¿Sientes la presencia de Rowan?
-Si- le respondo sin mentirle.- Y la de Armand y Louis junto a ella.
- “Bienvenida a extranjeros”. Ven.
Me toma de la mano y estamos en una encrucijada de casas viejas, junto a un canal. Veo a Armand sentado junto a Louis y a Rowan. Parecen tranquilos.
Armand, alzando las cejas con mirada desesperada, me advierte a modo de saludo que están rodeados. Louis me sonríe asustado. Rowan no me mira, y yo me siento como basura por haberla dejado sola. Maldita sea. Ahora corren peligro.
- Sasuke Takeshiro- grita Yue Lie. – Sal de ahí. Y ustedes también, cobardes. Los mataremos a todos.
Sale el hermoso joven de cabello desordenado e iluminaciones plateadas, limpiándose el uniforme. Salen otros 12 colegiales mas, con esas espadas de fuego que todavía seguían sorprendiéndome. Armand no podía hacer nada contra tan poderosa arma. Los jovencitos parecían tener sus pensamientos bastante cerrados, enfocados y poderosos para matarla.
-Siempre quise enfrentarme a Yue Lie...- dice el muchacho. – Y ahora que la tengo enfrente debo decir que me decepciona…
-Cierra la boca- dice ella desenfundando la ligera espada, y poniéndose en posición de ataque. Déjalos ir y no te mataré.
-¿Porqué? El señor Kenji me ha mandado a darles la bienvenida...- dice el burlón.
-Pues no son muy hospitalarios que digamos- intervengo yo.- Si les tocas un pelo te mataré con mis propias manos.
-Inténtalo…
Yo saco el puñal. Nuestros problemas comenzaron ahí mismo.

CONTINUARÁ…
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MensajeTema: Re: Muerte y Dolor en Tokio- Crónicas Vampíricas- Lestat y Rowan.   

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